53º CONCURSO JÓVENES TALENTOS DE COCA-COLA (RELATO CORTO)

El pasado 7 de Junio tuvo lugar en Ponferrada la Gala de entrega de premios del 53º Concurso de Relato Corto de Coca-Cola, entre los que se encontraba la alumna de nuestro centro de 2º ESO: CARMEN MARÍA GONZÁLEZ ÁLVAREZ. Estamos de ENHORABUENA porque Carmen fue galardonada con el 2º premio de entre los doce alumnos finalistas de Asturias. 

Los alumnos finalistas fueron recibidos en el Ayuntamiento de Ponferrada por la Concejala de Turismo y el Concejal de Cultura y Deportes. Seguidamente, visitaron el Museo de Radio “Luis del Olmo” donde participaron en un taller y tuvieron la ocasión de grabar un programa de radio. Después, profesores y alumnos asistimos a una comida en el Castillo de los Templarios, donde finalmente, con la asistencia de los padres, tuvo lugar la entrega de premios.

Nervios, emoción…, y sobre todo una gran dosis de optimismo y “POSITIVIDAD a RAUDALES…” para estos jóvenes talentos.

¡MUCHAS FELICIDADES Y ENHORABUENA CARMEN!.

Aquí tenéis el relato de Carmen y las fotos de este memorable día

 

 

 

 

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Hoy tengo la ocasión de contaros mi historia, la historia de Positividad Raudales. Soy músico, pero no de esos que solo buscan la fama y el dinero, yo busco la felicidad. Yo ya soy feliz dedicándome a lo que me gusta, aunque otra gente no consigue encontrar la felicidad, o no la busca o la vida misma le ha “prohibido” ser feliz, lo que yo busco es que todas esas personas sean felices.

            Como dije antes, soy músico, me gano la vida tocando por las calles de Madrid. Dependiendo del día, gano más o menos dinero, pero lo que a mí me empuja a seguir ganándome la vida así, aunque a veces no me dé ni para una Coca-Cola, son los niños. Ellos, que prácticamente no entienden mis canciones, se me quedan mirando, bailan, cantan, aplauden y se les ve felices y disfrutando de la vida.

            Un día se paró un niño, era como los demás, pero a la vez no lo era. Ese niño sonreía, intentaba aplaudir, pero se veía encarcelado en su cuerpo enfermo y debilitado. Desde ese día siempre venía a verme y a disfrutar. Un día hablé con su madre. Parecía una mujer alegre y de gran corazón, pero desafortunadamente sufría, y mucho, por su hijo. Me dijo que tenía una enfermedad degenerativa, la movilidad de su hijo se veía cada vez más limitada por el paso del tiempo. Esto me hizo sentir admiración por aquella madre y aquel niño, que por cierto, se llamaba Raúl.

            De repente, el niño paró de venir a mis “conciertos”. Pasaban días y semanas y me empecé a preocupar. Un día decidí ir a algunos hospitales y buscarle, una locura porque no sabía ni sus apellidos ni en qué hospital estaba, pero había que intentarlo.

            La suerte quiso que encontrara a su madre en la cafetería de un pequeño hospital. Tenía la mirada perdida en su café, ya frío por el paso del tiempo. Me senté con ella. Al principio no me reconoció, pero luego me abrazó y se echó a llorar. Me contó que Raúl estaba muy mal, en sus piernas, ya inertes desde muy pequeño, le habían salido llagas que se le infectaban cada dos por tres , pero eso no era lo peor, ahora tampoco sus brazos le respondían y empezaban a tener fallos cardíacos.

            En ese momento me apeteció llorar como nunca antes lo había hecho. Odiaba al mundo, por permitir que un niño, frágil, indefenso y en lo mejor de su vida pudiera sufrir tanto; y porque su madre, lo estaba pasando tan mal o peor que su hijo. Decidí ir a verle a la habitación, allí me encontré a su padre, al que nunca había visto, sentado en una silla, sujetando con sus manos la mano de su hijo, como si nunca más fuera a hacerlo y mirándole como si se fuera a desvanecer de repente. Al entrar me miró, su mujer nos presentó y nos quedamos mirando al niño. Él me reconoció enseguida. Se rió y me pidió que le cantara. Saqué mi guitarra y empecé a tocar. A la media hora, después de interpretar todas mis canciones y repetir algunas, guardé la guitarra. Y me sorprendió oír numerosos aplausos a la puerta. Enfermeras, niños y algunas otras personas miraban desde la puerta. Me pedían más canciones, incluso las enfermeras y enfermeros. Toqué alguna más y después de un rato volví a parar. Más aplausos. Les pedí que me dejaran con el niño y les di las gracias. Una enfermera me pidió mi correo electrónico: positividadr@imaginando.com. Sonrió y se fue. Yo seguí hablando con mi pequeño fan sobre una hora, luego me fui a mi casa, para despejar un poco, en el hospital había visto mucho sufrimiento, aunque me alegró muchísimo haber podido llevar allí un poco de mi positividad.

            Seguí acudiendo al hospital día tras, gente me veía por los pasillos y me pedía que tocara. Hacía pequeños conciertos en la sala de espera, en el área de pediatría, e impregnaba el hospital de positividad.

            Un día me sorprendió ver en la bandeja de entrada de mi correo electrónico un mensaje del hospital. Me ofrecían un trabajo como músico, básicamente tenía que hacer lo que siempre hacía, tocar para que la gente olvidara sus problemas. Le respondí diciendo que lo hacía por mi forma de ser, que no quería el dinero. Pero aún así me lo volvió a ofrecer y no tuve más remedio que aceptar.

            Ha pasado un tiempo desde que Raúl ingresó. Yo toco cada día en el hospital, donde ya soy muy conocido. Me hace infinitamente feliz ver a la gente escuchándome cantar y olvidándose de todo por unos minutos; pero cuando vuelvo a la habitación de mi fan número uno, se me cae el alma a los pies. Los médicos dicen que es muy poco probable que mejore, pero mientras vive, intento que sea feliz.

            Después de varios días sin complicaciones Raúl ha tenido un fallo cardíaco. Está luchando por sobrevivir, sé que lo intenta. Sus padres, algunos familiares y yo esperamos ansiosos al doctor. Finalmente el doctor aparece por la puerta y nos dice que ya está otra vez estable, pero que puede volver a complicarse.

            Raúl ya está en la habitación, he ido a verle y no parece que haya estado a punto de morir. Canto un poco y cuando acabo, me dice algo que me llegó al alma. “Posi” (es como me llama él), si me muero, quiero que te acuerdes de mi y escribas una canción a otros niños como yo”. Pasamos un rato en silencio y al final acabó dibujando el contorno de su mano en mi guitarra. Para no olvidarle nunca.

            Han pasado varios días y Raúl ha tenido otro fallo cardíaco. Esta vez los médicos tardan mucho más. Tememos lo peor. Al final el médico llega y como era de esperar, nos trae malas noticias. Raúl no ha sobrevivido. No podemos hacer otra cosa más que llorar. Al menos sé que murió feliz y que yo pude contribuir a ello.

            Ya han pasado varios meses desde que Raúl falleció. Ahora sigo tocando en el hospital, pero también hago pequeños conciertos en bares y en ocasiones, en algún auditorio. Casi todo el dinero que recaudo va a obras de caridad y a asociaciones para investigar enfermedades raras. Ya he encontrado verdaderamente mi felicidad y cada día hago que más personas la encuentren.

            Dicen que ser artista es difícil, que no se gana nada, que se vive mal, que ser artista es ser raro. Yo creo que no es así, nada es difícil si lo intentas, puede que se gane poco dinero, pero ganas amigos y haces a la gente feliz. Ser artista es ser positivo y hacer feliz a la gente porque para mí,

hacer feliz a la gente es un arte que todos deberíamos practicar.

 

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Una respuesta a 53º CONCURSO JÓVENES TALENTOS DE COCA-COLA (RELATO CORTO)

  1. Toñi Martín dijo:

    Precioso relato…. para una gran artista como tu “ROSA” mil felicidades y no pares de escribir, que ademas de hacerlo genial, llegas a desencadenar muchas emociones.

    Me gusta

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